Soldados
estadounidenses han encontrado poca resistencia en la fase inicial
de una vasta ofensiva de unos 4.000 infantes de marina en áreas
controladas por el Talibán en el sur de Afganistán,
pero esa es una táctica común de los milicianos.
La
parte difícil será conseguir el apoyo re los habitantes
de una región en la que pocos extranjeros se aventuran. La
falta de resistencia por los milicianos en la provincia de Helmand
en la primera fase de la operación pudiera cambiar en los
próximos días, dijo el viernes el capitán Bill
Pelletier, portavoz de la unidad.
El
objetivo de la operación no es acabar con el Talibán,
sino ganarse la confianza de la población local, dio Pelletier
_ una tarea difícil en una zona en la que los extranjeros
son mirados con suspicacia, y pocos se quedan por mucho tiempo.
"No
nos preocupa el Talibán, no estamos concentrados en ellos.
Estamos concentrados en la población", dijo Pelletier.
"Es importante tender una mano a los líderes locales,
escuchar lo que necesitan más y cuáles son sus prioridades".
La
ofensiva a lo largo de los 88 kilómetros (55 millas) de áreas
controladas por el Talibán en el sur de Afganistán
será una prueba para la nueva estrategia del gobierno de
Barack Obama de retener territorio para permitir que el gobierno
afgano establezca raíces en Hemland.
Las
milicias han demostrado ser especialmente fuertes en el área,
y las ropas extranjeras nunca antes han operado aquí en semejantes
números. Grandes áreas han estado bajo control del
Talibán, con poca o ninguna presencia del gobierno.
Al
entrar la operación en su segundo día, las unidades
aseguraron el control de centros locales como Nawa y Garmser, y
negociaron su entrada a Khan Neshin, la capital del distrito de
Rig, dijo Pelletier.
"Ellos
esperaron por los líderes locales y de las aldeas" fuera
de Khan Neshin, y "con su permiso entraron y ahora están
en conversaciones", dijo Pelletier.
Un
infante de marina murió y otros siete resultaron heridos
el jueves en el primer día pleno de la operación,
la mayor en Afganistán desde la caída del Talibán
en el 2001.
Pero no ha habido grandes batallas, pues los milicianos han optado
mayormente por mantener silentes sus armas, dijo el portavoz.
Arrebatarle
tierras al Talibán siempre ha resultado difícil. Mantenerlas
y asegurar la presencia del gobierno ha sido la parte difícil.
Y ahora que el área en cuestión es la mayor productora
de opio, que financia la insurgencia y corrompe a las autoridades,
el reto se vuelve monumental.