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Quiere
llegar a Hollywood »

Oscar
de Bigelow cambiará a Hollywood, pero lentamente

Actrices
más sencillas que en anteriores entregas del Osca
Aumentó
la audiencia de los Oscar: los vieron más de 40 millones

Ella
puso a más de un director en su sitio y ha demostrado
que las ‘estrellas’ están en el cielo

La
Urraca también lanzó duras críticas al
vestido que lució Magaly Solier en el Óscar

Cid
rompió con Fito y no está embarazada

Festeja
Lucero 30 años de trayectoria con diversos

Lindsay
Lohan denuncia a una empresa por un anuncio

Lo
mejor de los premios Oscar 2010
Sonabril,
rock local rumbo a los premios Casandra

Homenajes
que se harán en el Casandra
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Sebastián Piñera,
un terremoto de presidente
Mari
Luz Serdio es hija de Maximiliano Serdio, natural de El Mazo
(Peñamellera Baja), que a sus 102 años es el asturiano
de mayor edad residente en Chile. Mari Luz estudió Ingeniería
Comercial, el equivalente a la carrera española de Económicas.
Compartió aulas con Sebastián Piñera en
la Universidad Católica de Santiago.
Lo conoce bien, a él
y a sus hermanos. De todos habla con admiración. No tiene
duda: «Piñera va a ser algo grande». A partir
de hoy se verá si este bisnieto de Bernardino Piñera
Aguirre, asturiano de Libardón llegado a Chile en 1860,
cumple con las esperanzas que despierta en su antigua compañera
de aulas en la Católica y otros muchos chilenos que le
votaron (ganó con el 51,6% de los sufragios).
Los actos para la transmisión
del mando presidencial comenzaron ayer, miércoles, en
Santiago de Chile, con la llegada de los primeros mandatarios
de otros países, entre ellos el Príncipe Felipe,
que se reunió con Piñera y después visitó
a la colonia española en el Estadio Español, el
centro de ocio y cultural de la calle Neverías de Santiago
donde la colectividad asturiana tiene un peso muy importante.
Sebastián Piñera recibirá la banda presidencial
hoy, jueves, en el Senado, en Valparaíso.
Ante sí se va a
encontrar un panorama radicalmente distinto del que vislumbraba
durante una campaña presidencial en la que prometió
un millón de empleos, un crecimiento económico
del 6 por ciento anual y la reducción de unos índices
de delincuencia que ya son extraordinariamente bajos para América
Latina, pero sobre los que la ciudadanía tiene una impresión
magnificada. Buena parte de esa percepción de riesgo
continuo la tienen unos informativos de televisión muy
volcados con los sucesos y sus impactantes imágenes.
Entre esos informativos, paradójicamente, están
los del canal Chilevisión, propiedad del futuro presidente.
Pero nada de lo dicho en
campaña sirve tras el terremoto del pasado día
27.
El seísmo, el mayor que ha vivido Chile, no sólo
desplazó varios centímetros sobre el mapa a ciudades
como Santiago o Concepción. Cambió todas las coordenadas
políticas. «Piñera tendrá que ser
como Bob el constructor», dice José Luis Santamaría,
editor de la sección de política del diario «El
Mercurio», el más leído de Chile, en alusión
a una conocida serie de animación infantil con la que
disfrutan sus hijos.
Guadalupe, la hermana mayor
del presidente electo, dijo que Sebastián Piñera
era un muchacho «hipercinético», un rapaz
hiperactivo. Es una característica que todos apuntan
de él. Ahora, aquel niño terremoto tiene ante
sí la tarea de reconstruir el país. Que ya es
bastante.
Hace falta medio millón de casas de manera urgente, y
hasta que el temblor arrasó varias provincias el Gobierno
chileno construía unas 130.000 viviendas anuales para
las clases más desfavorecidas. Ahora van a tener que
pisar el acelerador.
Los asturianos de Chile,
no lo ocultan, son piñeristas. Ven en él lo que
han visto buena parte de sus votantes: a un hombre hecho a sí
mismo que ha entrado en la lista «Forbes» de las
mayores fortunas del mundo sin haber nacido millonario. En ese
sentido, lo comparan con Juan José Cueto, otro asturiano
de Libardón, socio hasta ayer de Piñera en la
aerolínea Lan, a quien se refieren como «don José»
con cierta veneración. Ambos, que se encontraron por
los caminos de los negocios y no por sus raíces asturianas,
representan el sueño de que todo es posible en Chile
con trabajo y esfuerzo.
Los astur-chilenos no ven
a su futuro presidente como un Berlusconi de este lado de los
Andes. Le presuponen una cierta vocación de «cumplir
un servicio al país». También admiten que
con tantos millones en la cuenta corriente el poder era lo único
que le faltaba.
Con trazo muy grueso se
puede decir que con Piñera la derecha regresa al Gobierno
después de veinte años de gabinetes de Concertación
Nacional, entre el centro y la izquierda que encarnó
la presidenta Michelle Bachelet en estos últimos cuatro
años. En Chile, no obstante, a la hora de hacer comparaciones
prefieren buscar semejanzas con la bipolaridad demócratas/republicanos
de Estados Unidos. Como decía con sorna un taxista de
Santiago el pasado martes: «Mire, acá, en Chile,
los gobiernos ahora se diferencian muy poco. Unos quitan un
poco más a los pobres y otros les dan un poco menos».
Lo cierto es que los propios
seguidores de Piñera apuntan, un poco en voz baja, que
muchos integrantes de la derecha le votaron tapándose
la nariz, como el mal menor. En puridad, no se atreven a decir
que Piñera sea realmente un señor de derechas.
«Ojo, que él
votó en contra de Pinochet en el plebiscito de 1988 y
puso dinero para financiar la campaña», subraya
Carmen de Diego, presidenta de la colectividad asturiana en
Chile. «Piñera es, sobre todo, piñerista»,
sentencia José Luis Santamaría de El Mercurio.
Michelle Bachelet -«la
mamá que nos daba plata» porque redujo el superávit
estructural chileno para aumentar las prestaciones sociales-
se despide del palacio de La Moneda (por ley sólo puede
estar una legislatura) con una aprobación popular del
84 por ciento. Deja el poder fundiéndose en un muy retransmitido
abrazo con Piñera. Los rivales políticos no se
hacen arrumacos por gusto. Es que tocan tiempos de reconstrucción
nacional. Y ahí los chilenos dan
la talla. Saben hacer piña.
Dicen que es parte de su esencia.
En días pasados, Piñera, propietario del Colo
Colo, el equipo de fútbol de las clases más populares,
fue presentando una alineación para su gobierno en la
que sacaba a jugar a ministros y gobernadores, en la mayoría
de los casos, con un perfil de alto ejecutivo, de triunfadores
en los negocios, pero muy poco de políticos. Es su estilo.
Piñera es un empresario y como una empresa va a llevar
Chile.
La ocasión, además,
la pintan calva pues el terremoto ha sembrado la suficiente
destrucción para que tenga tarea concreta por muchos
años. Pero también ha abierto algunas grietas
en la percepción que tenía de sí mismo
un país orgulloso de su crecimiento y de su serena transición
de la dictadura a la democracia. «¿Usted se imagina
algún lugar en el mundo donde un dictador deje de gobernar
por votación popular?», pregunta Manuel Llaneza,
hijo de un langreano de Cuturrasu. «Pues aquí pasó.
Los chilenos votaron que Pinochet se fuera, y se marchó».
Esa grieta que se abrió
el día 27, después de que la tierra los dejase
temblando, fue el llamado «terremoto moral». Se
palpa la consternación que produjeron en numerosos chilenos
las escenas de saqueo producidas tras el seísmo. Reconocen
que había gente necesitada, sí.
«¿Pero puede
decirme usted para qué necesitaban algunos de esos saqueadores
televisiones de plasma?», se pregunta Carmen de Diego,
descendiente de asturianos de Amieva. Todos los integrantes
de la colectividad asturiana comparten el estupor de De Diego
ante los robos.
Ahora le buscan una explicación.
Naida Fernández, hija de asturianos de Peñamellera
Baja, da la suya: «Durante los veinte años de gobierno
de la Concertación hubo un debilitamiento terrible de
la autoridad.
Al intento de la Policía
de poner orden ellos lo llamaban represión, aplastar
al pueblo». Al final la presidenta Bachelet sacó
el Ejército a la calle para detener los saqueos.
Fue una decisión
que muchos presumen extraordinariamente dura para ella, militante
de izquierdas torturada y exiliada durante la dictadura de Pinochet.
Parecía una broma
de mal gusto que se despidiera de La Moneda sacando otra vez
a los milicos a pasear. «Pero al final movilizó
al Ejército, se detuvieron los saqueos y no pasó
nada. ¡Es que estamos en otro momento histórico!»,
subraya Naida Fernández. Es el momento de Piñera,
el de Bob el constructor.
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