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El día
a día de Penélope en Hollywood
«Diez
años, una docena de películas 'made in Hollywood',
un Oscar y dos nominaciones después, poco queda de aquella
chica desvalida que se quejaba de lo duros que fueron sus inicios
en la meca del cine», publica la revista Vanity Fair.
Y es que, en efecto, cuando
nuestra Pe llegó a Los Ángeles no sabía
una palabra de inglés, no conocía a nadie y sentía
la meca del cine como un lugar hostil. Hoy, Hollywood no sería
igual sin Penélope, a la que le sobran la fama, los amigos
y los planes. Un Oscar y otras dos nominaciones avalan su conquista.
«Lo mismo queda para
comer con Nicole Kidman que celebra Acción de Gracias
en casa de Sean Penn. O comparte 'front row' con Demi Moore
y alterna con Diane Lane y su marido, Josh Brolin.» Inluso
fue la novia oficial de Tom Cruise y se rumoreó algo
más que colegueo con Matthew McConaghey. Está
considerada la mejor vestida de los últimos 20 años
de la gala de los Oscar. Es amiga de Sofía Loren, Kate
Hudson, Salma Hayek o Bono.
Penélope ha sabido
ganarse a los americanos, con su estilo entre exótico
y clásico, y se la rifan en todos lados. Ha sido la invitada
estrella de «shows» tan influyentes como el de Jay
Leno, David Letterman, Ellen DeGeneres e incluso Oprah Winfrey.
A todos les gusta Penélope.
Natural, relajada, fresca
y elegante. Así «se vende» la de Alcobendas
en Estados Unidos. Más cercana que en España,
donde su relación con la prensa siempre ha sido un tanto
fría.
El truco de la actriz es
saber siempre lo que quiere. Rita Watnick, la dueña de
Lily et Cie, la tienda donde Penélope compró el
Balmain «vintage» blanco con el que subió
a recoger su Oscar el año pasado, asegura en VF que «el
gran acierto de la actriz es que tiene personalidad para vestirse.
'Ella sabe lo que quiere.
Se había enamorado de ese vestido hace unos años
y volvió a por él'. Hay quienes cifran en 100.000
dólares el precio de aquel traje. Watnick dice que 'jamás
revelaría lo que ha pagado una clienta'. En cambio, sí
cuenta que poner a punto el Balmain de Pe le costó unas
200 horas de trabajo.»
A principio, sin amigos ni lllamadas
El camino para convertirse
en una estrella no es fácil. Y Hollywood no recibe con
los brazos abiertos. Con los deberes hechos en España,
Penélope quería llegar más alto. Así
que se fue a Los Ángeles, una ciudad en la que nunca
se ha sentido demasiado cómoda. Tanto que el año
pasado, se mudó a Nueva York.
De sus incios «yankees»,
recuerda la soledad. «En mi teléfono móvil
nunca había llamadas. Simplemente porque no tenía
amigos». Pasó de ser famosa a convertirse en una
desconocida. Su gran amigo y director fetiche, Pedro Almodóvar,
solía visitarle mucho en aquella época.
Penélope tuvo que
luchar contra un idioma que desconocía, el prototipo
de mujer latina, los papeles tontos de películas tontas
y el reducido círculo social «del star system».
Pero si hay algo en lo que Penélope no ha cambiado, es
en luchar por sus sueños.
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